O Caseiro: la vida entre bancales olvidados
Xácobe Ribeiro reflexiona sobre la recuperación de los bancales de viñedos abandonados en Ribeiro, tejiendo la historia personal, los legados familiares y los vinos nacidos de su recuperación
Caseiro - Persoa que traballa a medias ou mediante arrendamento as terras dun amo ou que coida dos bens dunha persoa ausente.
(Caseiro - Persona que trabaja a tiempo parcial o arrendando la tierra de un amo o que cuida la propiedad de una persona ausente.)
Cuando pienso en mi infancia, todos esos recuerdos huelen a racimo de uvas tintas maduras y saben a bocadillo de nocilla, que merendaba en tiempo de vendimia en la vieja viña de O Castro.
O Castro era una pequeña parcela compuesta por dos bancales asimétricos y presidida por una enorme piedra de granito, que ayudaba a asentar las cantos que los canteros de antaño disponían magistralmente para construir los muros. Estaba situada en la parte más elevada de la parroquia de Berán (Leiro), tenía una orientación sureste con suelo arenoso y miraba desde las alturas al río Avia.
O Castro, como la gran mayoría de viñedos históricos de Ribeiro, ha quedado olvidado y hoy sólo encontramos allí un conjunto de castaños, que mi abuelo, Antonio “O Caseiro” plantó años después de abandonar definitivamente su cultivo.
O Caseiro, hoy en día es un proyecto, que pretende reivindicar el legado y el trabajo de mi abuelo y, al mismo tiempo, recuperar esos pedacitos de tierra, que como O Castro, eran víctimas del abandono y del olvido.
O Caseiro y Lilás: vinos de finca con alma de pueblo
Tanto O Caseiro (tinto) como Lilás (blanco) son vinos elaborados a partir de uvas de la misma parcela; O Baño.
O Baño es una viña, que pertenece a mi familia desde los años 60 y que tiene cepas con más de cien años. Es una parcela arquetípica de Berán, formada en bancales, con suelo arenoso (granito descompuesto), con orientación sur-este y con coplantación de blanco y tinto. En sus estrechas filas de poco menos de un metro conviven un mundo de variedades como la brancellao, la sousón, el ferrón, el caiño longo, la treixadura o el albariño.
A partir de este mundo de variedades nacen O Caseiro y Lilás, dos vinos que pretenden ser fiel reflejo del territorio del que nacen y que pretenden homenajear, de una forma o de otra, la historia de los vinos de esta parte del valle del Avia.
O Caseiro (2024) fermentó en fudres viejos de castaño y realizó una crianza con lias estáticas durante 10 meses en depósitos de acero inoxidable. Ha sido elaborado de forma artesanal y con mínima intervención. Pretende ser un vino mineral, fresco y tánico.
Lilás (2024) hizo una fermentación carbónica en fudres viejos de castaño durante 14 días y posteriormente descansó durante 6 meses en depósitos de inox.
El sumiller Miguel Crunia escribía la siguiente reseña en su blog Atlantic Sommelier:
“Para ser una añada fundacional me parece un trabajo bastante desenfadado y divertido. Un vino disfrutón que no tiene muchas más pretensiones que eso. Me gustaron mucho sus aromáticos (aceites esenciales de piel de mandarina, pieles de pera seca, manzana asada, hojarasca otoñal, laurel) pero su boca se me quedó algo corta. Es textural y fresco, pero le falta una vivacidad ácida que lo vertebre en el tiempo, por lo que recomiendo su consumo más inmediato.”
A Tregariza: recuperando el pasado para afrontar el futuro
Una tarde de febrero de 2020, mientras paseaba por Berán, en medio del bosque, me encontré con cuatro bancales construidos con muros centenarios y en los que entre zarzas, helechos y acacias aún se podían divisar algunas cepas abandonadas años atrás. Subí a lo alto del terreno y desde el último “socalco” conseguí divisar diferentes pueblos. Desde mi posición se podía ver Beade, Beiro, As Regadas e incluso Ribadavia, que se encuentra a más de 7 kilómetros de distancia. Estaba en A Tregariza. Había oído hablar cientos de veces a la gente acerca de este sitio. Siempre que se referían a él lo hacían con cierta épica:
“Na Tregariza estaban as mellores uvas de Berán. Nunca xeaba e era mui bo sitio para o viño tinto”
“Valía máis un tractor de uvas da Tregariza que todo o que hai hoxe no Ribeiro”
Un día, hablando con mi buen amigo Antonio Míguez Amil me dijo: “En Berán facíase o mellor viño tinto do mundo. Temos que quitarnos os complexos”.
A partir de aquí pensé: “Si en Berán se hacía el mejor tinto del mundo y en A Tregariza el mejor de Berán, creo que he encontrado el sitio donde quiero plantar mis viñas”.
Después de darle algunas vueltas, decidí afrontar la compra de esas parcelas y empezar a replantar con variedades tintas esos bancales para darles una segunda vida. Tuve que adquirir terreno de tres propietarios diferentes, que en la actualidad suman 0,4 hectáreas. Después de hacer una limpieza profunda del terreno y mejorar las pistas de acceso, en Febrero de 2021 plantamos las primeras cepas de brancellao, ferrón, sousón y caíño longo.
En la actualidad seguimos trabajando para sacar adelante un cultivo complejo, pero a través del que esperamos poder hacer unos vinos tintos, que honren a aquellos que hacían nuestros ancestros. Lo hacemos de la única forma que se puede hacer este trabajo. Siendo respetuosos con el medio y con la arquitectura original. Recuperamos muros de forma manual, no usamos glifosatos ni tratamientos sistémicos.
Miramos al futuro con optimismo, esperando poder elaborar en unos años algo que sea realmente único y que nos reconecte con ese chaval que merendaba uvas en la viña de O Castro a mitad de los años 90.